El mercado de pulgas se entiende, aquí, como una oportunidad para dar salida a los bienes que acumulamos en nuestras residencias durante años, de los que -casi por vergüenza-nos cuesta deshacernos, pero que acaban, años más tarde, en el vertedero municipal.
Ese destino no arroja ningún beneficio económico; no revierte de modo alguno en sus antiguos propietarios. Promover -de manera periódica y fijando un calendario riguroso- la celebración de un mercado de pulgas local aumenta las posibilidades de reutilización de una parte de los objetos y proporciona un mínimo lucro a quienes ofertan los productos. Pero, además, esta iniciativa aporta riqueza intangible al fomentar -de un modo elemental, claro- el espíritu y la desinhibición necesaria para emprender.
La participación masiva de la población es un factor determinante para el éxito de la iniciativa; es imprescindible, por tanto, el impulso desde la Administración Local, fomentando aquélla y poniendo a disposición de los ciudadanos las infraestructuras de espacio y servicios por un mínimo coste y sin obligaciones fiscales derivadas.
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